martes, 27 de septiembre de 2011

No habrá otra primavera

Una mujer joven de no más de veinticinco años yace en su cama con una fuerte fiebre que le nubla la vista y la debilita de una manera de la que nunca se sintió. Ese día no tuvo las fuerzas ni las ganas de ir a trabajar, tampoco es que le gustara su trabajo estaba prácticamente obligada a ello desde sus recién cumplidos catorce años. Trabajo en el cual la explotaban, no importa cómo, tanto física como psicológicamente, pero por más que quisiera y lo intentara no podía huir de lo que desde esa temprana edad le preparo su futuro, un futuro más negro que el carbón, más duro que una piedra.


Tras un largo día en la cama su estado iba empeorando. Después de mucho meditarlo decidió llamar a su mejor amiga y la acompañara al hospital. Allí le hicieron algunas pruebas entre ellas un análisis de sangre.


El día de los resultados sintió como su alma caía al suelo, casi sintió como su alma se despegaba de su cuerpo y desfallecía allí mismo, cayendo como un peso muerto al suelo, mientras miles de lágrimas dulces caían de sus ojos azules.
-Lo sentimos mucho, tiene el virus de VIH.
Esas fueron las simples y directas palabras del médico, el cual le dio un medicamento para tratarlo, pero iba a morir de todos modos.


Aquel trabajo, aquel estúpido y repugnante trabajo, especialmente aquel hombre que era el hijo del jefe, le había destruido la vida, al raptarla y violarla, para después ponerla a trabajar en aquel asqueroso burdel, donde los clientes la tocaban sin pudor alguno y donde algún mal nacido le transmitió la enfermedad.
Este era el fin de aquella bella mujer de pelo castaño y ojos azules como el cielo, su día se aproximaba con cada respiración y latido de su corazón, una flor que no resistirá una primavera más.


By: Me

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