Había tenido un sábado ajetreado. Salí de fiesta con mi mejor amiga a uno de los más prestigiosos bares de copas nocturnos de New York. Una noche inolvidable sin duda, al igual que estas perfectas vacaciones de verano.
Después de una larga noche de juerga el sonido metálico de una cuchara tamborileo en mi cabeza.
Me moví inquieta en la cómoda cama del apartamento mientras seguía escuchando ese maldito e infernal sonido que amartillaba mi cabeza.
Ya cansada de ese ruido, que me impedía reconciliar el sueño, decidí que ya era hora de disfrutar de un nuevo día en el paraíso.
A pesar de la resaca una sonrisa adornaba mi rostro por el simple hecho de estar aquí, donde durante tantos años había estado soñando estar, y no solo por eso, sino porque he visto y fotografiado lugares y artistas que conocía del mundo del espectáculo del que sabía prácticamente todo, ya que mi hobbie y sueño aun por realizar es el mundo de la moda, y estar aquí me daba un cincuenta por ciento de posibilidades de cumplir mi tan preciado y ansiado sueño.
-Buenos días.-Salude a Lucía, mi mejor amiga.
-Hoy es tu día dormilona. Vas a presentarte delante de Custo un día antes de la Fashion Week.-Decía animada.
Si, hoy me presentaría frente a uno de los diseñadores españoles que han triunfado en el extranjero.
Después de un rápido desayuno me arregle y cogí todo mi trabajo, duramente estudiado y trabajado por un largo año de diseño. Lo peor fue encontrar la información de cómo encontrar al diseñador.
Al llegar a ese edificio del centro de New York me sentí pequeña al estar rodeada de todo aquel mundo por el que siempre soñaba despierta.
Nadie me prestaba atención, todos estaban trabajando duramente a menos de veinticuatro horas del evento.
A lo lejos lo vi perfeccionando los bajos de un pantalón de una de las modelos. Me acerque a él con valor para presentarle mi trabajo.
-Disculpe señor Custo ¿Tendría un momento?-Vaya pregunta más estúpida, está ocupado no es un buen momento.
-Necesito una modelo Cindy está enferma.-Dijo alzándose y sin mirarme tan siquiera me dio unas tijeras.
-Disculpe yo…- Iba a decirle que se equivocaba pero no me dejo hablar ya que lo hizo el.
-¿Eres modelo?-Se le veía claramente estresado.
-No, yo…
-No estas mal, puedes servirme. Maikel que se pruebe la ropa de Cindy, enseguida voy.-Él se fue y me dejo a cargo de aquel hombre que me hizo probarme la ropa sin dejar que me explicara.
Aquella mañana de Domingo cambió mi vida completamente, el día siguiente, yo, una chica normal y corriente sin experiencia, había modelado frente a cientos de personas en un evento de lujo, para una firma de ropa conocida.
CARLA ALARCOS

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